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viernes, 1 de julio de 2011

LA MOMIA DE COLLUD



LA MOMIA DE COLLUD

Año 1969, un extraordinario hallazgo impresiona a Collús y Pomalca así como a todo el país, el sorprendente descubrimiento de una momia en perfecto estado de conservación es realizado por un huaquero. Se trataba de la momia de una mujer encontrada en una gran tumba perteneciente a la cultura Lambayeque correspondiente a los 900 y 1100 años de nuestra era.
Esta extraordinaria momia destaca entre muchas otras halladas en todo el Perú por los tatuajes que presenta en sus brazos, un arte en la piel poco conocida hasta la fecha.
Para entender mejor el interés de nuestras primeras culturas por conservar a sus muertos, hay que comprender su cosmovisión y el respeto que tuvieron por sus antepasados, particularmente por sus restos. La muerte era sencillamente el pasaje de esta vida a la otra. Estas creencias obligaban a mantener en el mejor estado posible a sus muertos y rodearlos de todo lo que pudiera serles útil en su camino al nuevo mundo, donde ingresaban despojados de su vestidura carnal a continuar otra.
Los incas desarrollaron diferentes métodos de "momificación”, pero lo más interesante de esta costumbre era la visita que periódicamente recibían de sus familiares para renovarles sus ofrendas de nuevos alimentos y su bebida de chicha.
Se creía que el orden universal dependía del poder de esas momias; las momias imperiales eran consultadas en momentos específicos, por sacerdotes especialistas en el asunto; por lo que podemos decir que, una vez muerto, el cuerpo del inca se transformaba en un prestigioso oráculo. Además, participaban en las grandes fiestas que se organizaban en la plaza central del Cusco; se las sacaba en procesión por los campos, cuando las sequías amenazaban las cosechas y marchaban al frente de los ejércitos.
Digamos que, estas momias aún tenían “vida social” por que además participaban en reuniones familiares, en las que se juntaban con sus otros antepasados muertos, compartiendo comidas y bebidas, los hacían brindar en unos grandes vasos hechos de oro y de plata y en ellos echaban la chicha con que brindaban a los muertos mostrándosela primero; y solían brindarse unos muertos a otros, y los muertos a los vivos, y al contrario.
El Padre Francisco de Ávila supo sintetizar lo anteriormente dicho cuando señaló: "Para los indios son de mucha veneración los cuerpos de los difuntos progenitores y a éstos adoran como dioses.
Bibliografía Fernando J. Soto Roland

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